Archivo de la categoría: Artigos

Relato contemporáneo de tiempo perdido

En soledad, escucho música aleatoria, el bar vacío, sólo un camarero más interesado en su música que el universo en el que vive. Saludo al aire con aroma a ambientador. Pronto llegará los habituales y yo seré un grano de arena en el bar, en comparación a la estatua de sal que soy ahora mismo. Supongo que son tradiciones, mal fario, ocio mal manejado. Supongo que soy herrumbre en las galerías de esta sociedad.

Soy un hombre pesado, la libertad no se conjuga conmigo. Él habla y habla, tiene labia. Yo permanezco en silencio. Un paisano moderno busca cháchara, otro, colega, viene a despotricar, como siempre. El ecosistema no es para mí, pero como grano de arena me sustento y  veo pasar el tiempo, que es lo importante. Mi único honor, matar ese tiempo que fulgura alrededor mía, con un silencioso soliloquio. Cuanta mirada se estrella contra la luz.

El tiempo es relativo. Maldita sea… Carallo si lo es! Con ella una hora es un segundo de exaltación. Conmigo mismo el tiempo asesina mis neuronas. Soy pesado hasta para mi mismo… Las conversaciones son altivas y musicales, para ellos él café es un placer, un buen momento para sacar á relucir sus largos penes de culturetas. Cada habitual que entra se queda mirándose como si fuese un pulpo en un garaje. Soy un outsider. Pero lo cierto es que esto es agradable, y mi sangre fluye feliz. Un hombre se va, y él barman y un habitual rajan de él. Clásico.

No quisiera regodearme en mi en este relato, más cuando mi presencia en el local es inócua, pero mi trasero, conquistando la silla, no está nada mal. Me gustaría charleta, pero no con ellos, echo de menos a mis amigos. Tiempos pasados, todos juntos de reflexión. Hoy este bar es un búnker para mis pensamientos, nadie los investiga.
Mientras ellos hablan de tecnología yo exploro el papel pintado de las paredes como lienzo a mi estupidez. Fuego, mucho fuego.

Es ese tipo el que yo me sé? Hacía do coñas? El mundo al revés. Que haría yo en Corea del norte? Los bares, el derecho á decidir como nos joden, quien como se ríen de nosotros. Siempre hemos defendido que el país se rebelará cuando jodan el alcohol. El alcohol es sagrado, es nuestro puto dios.
España desangrada en ríos de alcohol que cruzan calles de noche bajo la luz de los faroles. Aquí él alcohol es elegante y va acompañado de arte fundamental y fútbol filosófico. La música, en inglés, acompaña el momento british (me imagino esto como un pub elegante de tarde).

Hay calma, calma chicha, yo no sé en que más pensar más que en mi crapulencia, salí un momento a tomar el aire y cuando vuelvo la conversación es la misma. Ruedo sobre el suelo en mis sueño y absorbo oscuridad. El bar se queda sólo otra vez. Quizá sea él momento de hablar con el camareta y convertirme en pro, pero la pereza es máxima con respecto a eso. El tiempo relativo sigue jodiéndome, y no pasa, y no pasa y todo sigue exactamente igual. La voz del negro que canta es el único consuelo, la única compañía. Quizá él sea un borracho mítico del Bronx, no lo sé, no es un consuelo, pero es una explicación de que me toque él corazón. Me atrevo a preguntar y resulta que es blanco. Vaya bajón.

Soy una estatua de bronce del que no hace nada en este lugar, y sin embargo hay paz, y me gusta la paz y la tranquilidad. El bullicio es funesto, es para otra clase de persona.

Ha pasado una hora, quedan dos. Una y media como mucho.

Y el atardecer es una quimera, y la felicidad está lejana. Quiera volar, sinceramente, y gastar los días no con cinco cafés en este lugar. No hay bullicio. Soy un poeta escribiendo nimiedades en un bloc de notas del móvil. Piedad, pido piedad si soy un loco, o si camino en nubes. Ojalá pudiera entretenerme sólo con el rumor del viento, pero soy vulgar, y en mi vulgaridad, lo altivo es basura y lo natural espanta. Soy un viejo cansado de 28 años. Soy un poeta que no llegará jamás a nada. Soy él humo que sale del tubo de escape .de la modernidad,ya fui combustión, mi tiempo pasó, no soy nada, ni lo seré.

Él bar está en silencio. La música ayuda a ello, a crear sensación de vacío. Me gusta así él bar, sólo. No tengo empatía con él barman que lo desea lleno, no me cae mal, pero tenemos deseos diferentes. Si él vodka fuese oro, yo hubiera sido rico antaño, cuando mis venas y arterias valían mucho. Hoy soy un personaje solitario en quien nadie hace recaer su mirada. Aquí caben 80 personas, quien lo diría. Todos culturetas, la flor y nata de esta sociedad. Ahora el barman y yo, cada uno a su bola, «the world os us».

Me desespera esperar por esperar, pero aquí sigo, resistiéndome a escapar al aire puro. El indoor es siempre mejor al outdooor. Quien quiere el atardecer? O un sol naranja? O un viento helado que activa neuronas? Añoro las tabernas, el placer, el humo, las adoraciones marianas de los pasados de ácido. Añoro cuando era un bala perdida sin preocupaciones. Supongo que la vida me dio una segunda oportunidad. Alabada sea! Todo lo que adoro es basura!!

Echo una meadita en honor a todas las fuentes. Mi tiempo aquí se acaba, sólo he de acabar el café, despedirme con afección, y pensar que ha sido una soledad con espectáculo de fondo. Queda menos para ser libre. Comienzan a llegar los parroquianos habituales, y él juego ya no me interesa. Me largo

Salí del búnker, o del zulo. La luz de la tarde me dio un bofetón en la cara, pero también me he acostumbrado. Ahora, sentado en un parquecillo, con él frío en mi cuerpo, no añoro nada. Aquí soy más libre, escarnio de quien me mire. Un ocioso más. El día que muere me guiña el ojo, soy librepensador anarquista en un mundo burgués por completo. Y quizás sea perfecto burgués, y mi sol alumbre incluso en invierno.  Reposaré en este parquecillo hasta fenecer él día, sin nada que contar, sólo yo y el viento. Nada más

Manuel Jorge Maside Salgado

Fotografías: David Nóvoa

BELARÚS, A REVOLUCIÓN AÍNDA NON REMATOU

Por pantanos e bosques quen camiñan por alá? Quen son os que por aí van?

– Bielorrusos.

 Que é o que levan sobre os seus ombreiros débiles e coas súas mans leves?

– A inxustiza.

Cara a que lugares marchan para levala? E a quen van mostrala?

– Ao mundo enteiro.

Yanka Kupala

A simboloxía daquel outubro que estremeceu ao mundo segue presente hoxe nun país que busca retomar o seu  propio carácter nacional

Texto e fotografía: Miriam González


A nova república de Belarús, a Rusia Branca, é unha mostra viva do poder ideolóxico e propagandístico do bolchevismo ruso. Máis de cen anos despois do triunfo da revolución bolchevique de 1917,  o goberno de Alexandr Lukashenko continúa apostando polo mantemento duns símbolos que o vinculan co  pasado soviético e inevitablemente ca Federación Rusa.

Non son só as estatuas, as conmemoracións do 7 de novembro (día da revolución bolchevique segundo o noso calendario), e as celebracións da Vitoria de 1945 o legado soviético que a República de Belarús herdou. Una economía planificada, o control dos medios de comunicación, a exigua tolerancia contra os que se opoñen ao actual executivo e o mantemento da pena de morte, son rasgos que evocan unha cultura política levada a cabo polo  partido de novo tipo ideado por Vladimir Ilich “Lenin”.

A pesar das mostras evidentes de orgullo polo pasado soviético, na actualidade, a política de Lukashenko móvese no continuo balanceo leste-oeste. O gas e o petróleo que a veciña Rusia lle suministra a prezo rebaixado a cambio dunha maior influencia no territorio bielorruso mixturase cas esixencias de Bruselas para que goberno de Minsk asimile certos estándares das democracias occidentais.

Lukashenko, polo momento parece controlar a situación facendo que estas debilidades pasen desapercibidas en favor dunha proxección internacional coa que trata de mostrarse ao mundo como un árbitro pacífico no actual conflito frío que a Federación Rusa e Ucraína manteñen e que vincula tanto á Unión Europea como á Casa Branca. As boas relacións ca República Popular de China parecen sela aposta exterior máis forte do goberno de Lukasenko.

Pero mentres a política internacional segue o seu curso, a sociedade bielorrusa mira constantemente cara o exterior e os xoves habitantes de Minsk cuestionan a Historia oficial promovida polo goberno, o estado crítico da súa lingua, o bielorruso, e a falta de liberdade nunha sociedade que quere mostrar ao mundo a existencia dunha nova xeración orgullosa do seu país, da súas propias tradicións e que pretende mirar ao futuro para conformar una idiosincrasia propia como república independente.

Sexan benvidas e benvidos á República de Belarús.

Imaxe I
Unha titánica estatua de Lenin preside a Praza da Independencia de Minsk. Minsk 2017. fotog.Miriam González

Todo en Minsk é amplo, unha gran avenida principal de máis de 15 kilómetros percorre unha cidade con tres puntos centrais, a Praza da Vitoria, a estación de metro de Outubro e a Praza de Lenin. Esta última ubicación foi o punto culminante da primeira manifestación que tivo lugar en febreiro de 2017 contra un decreto presidencial que pretendía aumentar o imposto que teñen que pagar todas aquelas persoas que están desempregadas ou non cumpren o cupo de días traballados por ano. É unha praza curiosa, a xigantesca estatua de Lenin está situada a escasos metros dunha igrexa católica polaca.

Imaxe 2
Estudantes Universitarios no Servizo Militar camiñan cara o metro.Minsk 2017. fotog. Miriam González

Unha das cousas que máis chaman a atención en Minsk é a gran cantidade de homes, tamén algunhas mulleres, uniformados e uniformadas polas prazas, os parques, no metro e ata nos supermercados. A presenza da simboloxía militar é una das principais características da sociedade bielorrusa, sempre patrocinada polo goberno. O desfile de uniformes, cun deseño non moi distante daquelas vellas películas da Guerra Fría, convive cos outfits máis alternativos, propios de calquera capital “occidental”.

imaxe 3
Busto de Lenin na rúa de Octubro. Minsk 2017. fotog.Miriam González

Aquí Lenin continúa mirando o paso do tempo rodeado de inmensos grafites. Este lugar é un punto de encontro para os novos artistas, fotógrafos, actores, poetas e deseñadores que xa traspasaron a herdanza do pasado bolchevique. En Belarús a arte e a cultura gozan dun gran respeto. As novas xeracións fálanlle ao mundo cunha lingua propia afastada da sobriedade institucional enlazando ca tradición artística sempre presente no espazo postsoviético.

Imaxe 4
Iván Ivánovich veterano de Afganistán. Minsk 2017/fotog. Miriam González

A súa imaxe non é a que solemos asimilar cos veteranos de guerra. Ivan é un cidadán ruso que vive en Belarús, dixo que se mudara xa que a vida era menos cara que en Rusia. Iván sente agradecemento por Lukashenko, mostroume orgulloso as cartillas de xubilado que lle permiten viaxar gratis no transporte público, aínda que non en taxi, bromeaba. Cando o longo inverno deixa de ser tan duro, saca a súa guitarra e ameniza as tardes a todos os que pasean polo centro de Minsk. Na despedida prometeume aprender uns acordes de Paco de Lucía a través de Youtube.

Imaxe 5
A Vitoria eterna. Minsk 2017/fotog.Miriam González

Distante ao bullicio e aos cánticos, rodeaba o monumento da Vitoria con caraveis vermellos o pasado 9 de maio. Non quere falar con ninguén pero é unha muller habitual en todas estas celebracións.

A Segunda Guerra Mundial ten un significado especial aquí. “A Gran Guerra Patriótica” levouse con ela a máis de tres millóns de bielorrusos e bielorrusas, a invasión alemá arrasou máis do setenta por cento de Minsk e cada 9 de maio, os poucos veteranos que aínda quedan, e os familares dos que morreron concéntranse para rendir honores a todos os que loitaron contra o nazismo e liberaron Europa.

Imaxe 6
A Vitoria eterna.Celebración do 9 de maio de 2017. Minsk 2017. fotog.Miriam González

O obelisco da Vitoria é un lugar obrigado para calquera persoa que visite Minsk. Este monumento está especialmente concurrido o día da Vitoria e o día da República (3 de xulio). Mantén os vellos símbolos de outubro dunha maneira austera,  cun lume perpetuo aos seus pés que recorda a todos os soldados descoñecidos.

Imaxe 7
A Vitoria eterna. Minsk 2017. fotog.Miriam González

No medio  da  celebración  da Vitoria  destaca  o  bigote  do  xeorxiano  Iósif Vissariónovich Dzhugashvil “Stalin”. Aínda que había persoas que miraban con xesto extraño, pasou desapercibido; a famosa campaña de “desestalinización” que Khruchev iniciou a mediados dos cincuenta aínda non logrou de todo os resultados esperados.

Imaxe 8
Antigos membros do Partido Comunista de Belarús. Minsk 2017. fotog.Miriam González

A banda de San Xurxo, a bandeira bielorrusa, os camaradas Lenin e Stalin e o retrato do seu pai. Eles seguen pensando que antes, na Unión Soviética, a realidade era máis amable.

Imaxe 9
As novas xeracións. Minsk 2017. fotog.Miriam González

O pasado permanece, a Vitoria do Exército Roxo na Gran Guerra Patria seguirase conmemorando, pero os xestos cambiaron, a pesar da estoica pose, hai momentos para sorrir.

Imaxe 10
Os maniquís tamén se engalanan para a celebración da Vitoria. Minsk 2017. fotog. Miriam González

O Shum e o Gum eran os grandes centros comerciais da época soviética que aínda hoxe reciben clientes. Para conmemorar o 9 de maio adornan a súas propostas téxtiles cos lazos que celebran a derrota nazi.